lunes, 30 de abril de 2012


 
La Sociedad Venezolana en la Actualidad

Al igual que ocurre en la evolución política y económica de Venezuela, su dinámica social ha estado fuertemente condicionada por el impacto de la actividad petrolera y de los cuantiosos recursos fiscales que ésta ha generado en los últimos sesenta años. Por esta razón, los principales cambios ocurridos en la estructura social venezolana, tales como el crecimiento demográfico, la urbanización de amplios sectores de la tradicional Venezuela rural, la marginalidad creciente, entre otros, se relacionan en mayor o menor medida, con el papel protagónico jugado por el Petróleo en la vida nacional.

La Evolución de la Estructura Social Venezolana: 
La sociedad venezolana se ha formado en un proceso desigual, que responde, además de a las influencias históricas tradicionales, como parte del imperio español, a otras que se derivan de la influencia del petróleo. Desde 1945 y hasta hoy, la población venezolana no ha cesado de aumentar. En las últimas décadas se ha acentuado el proceso de formación de grandes ciudades, pero al mismo tiempo se han multiplicado las medianas y pequeñas, como consecuencia de la elevación del crecimiento demográfico que ha sido consecuencia de la desaparición del paludismo y otras endemias y epidemias, y de un aporte significativo de inmigración europea y latinoamericana. Población, densidad y crecimiento, censo 1873 - 2001.

El constante aumento de los ingresos petroleros ha formado en los últimos años un modelo de poblamiento bastante concentrado en algunas áreas del territorio nacional. En esas regiones, algunos viejos núcleos alcanzaron en 1990 magnitudes demográficas inimaginables en la Venezuela agropecuaria; al mismo tiempo, grandes extensiones del país continúan hoy casi despobladas. Es decir que uno de las características básicas de la sociedad venezolana es sin duda, una desequilibrada y poco armoniosa distribución espacial de su población a lo largo y ancho del territorio.

La Venezuela petrolera al concentrar sus grandes recursos en las ciudades, inauguró y afianzó el predominio del hábitat urbano, a la vez que profundizó los desequilibrios existentes en la repartición de la población en todo el territorio. El impacto del Petróleo ha sido de tal magnitud que, mientras que en 1926, cuando comenzó a preponderar el ingreso petrolero, los pobladores rurales representaban el 85% de la población total, en la actualidad menos del 20% de la población vive en el campo. A pesar de esa transición de un modo de vida rural y tradicional a otro urbano, en general en Venezuela no se han logrado introducir cambios notables en la distribución geográfica del poblamiento, ya que la tendencia histórica de los habitantes a concentrarse en la franja costero-montañosa se ha mantenido en el tiempo hasta el día de hoy.

La Población de Venezuela en La actualidad:
Principales Características Demográficas

Entre octubre y noviembre del año 2001 y tras más de cinco años de preparativos, se realizó en Venezuela el XIII censo general de población y vivienda, en el cual por primera vez se llevó a cabo simultáneamente el Censo General y el de las Comunidades Indígenas. La organización, ejecución y publicación de los resultados estuvo a cargo del Instituto Nacional de Estadística (INE) ; los resultados del censo constituyen la más importante fuente para analizar la estructura demográfica de la sociedad venezolana en la actualidad.
El XIII Censo de Población y Vivienda comprendió dos operativos, el Censo General, que arrojó 23.054.210 habitantes, y el Censo de las Comunidades Indígenas, en el cual se registraron 178.343 habitantes y actualmente se culmina el procesamiento de todas las variables investigadas. Esto implica un total de 23.232.553 personas residentes en el país para el momento del Censo 2001; En el Censo General 354.400 personas se declararon pertenecientes a un pueblo indígena, lo cual ubica la población indígena total del país en 532.743 habitantes (2,3 %). Cifras población y vivienda por entidad federal del censo de 2001

En comparación con el Censo de 1990, la población aumentó 28,3%, ello corresponde a una tasa de crecimiento anual de 2,3 personas por cada 100, índice que para el período 1981-90 fue 2,5. Es de destacar, que en los resultados de 1990 no se incluye la población indígena censada en comunidades de muy difícil acceso, la cual fue objeto del Censo Indígena realizado en 1992 (118.000 personas empadronadas).

Con respecto a la tasa de crecimiento, se ubican por debajo del promedio nacional las entidades: Distrito Capital (0,1%); Vargas (0,6%); Delta Amacuro (1,3%); Sucre (1,3%); Táchira (1,9%); Trujillo (1,9%); Miranda (2,0%); Mérida (2,1%); Portuguesa (2,1%); Amazonas (2,2%) y Falcón (2,2%). En el promedio nacional se encuentra Guárico (2,3%), y por encima de éste: Lara (2,4%); Yaracuy (2,4%); Aragua (2,4%); Carabobo (2,6%); Apure (2,6%); Zulia (2,7%); Bolívar (2,8%); Cojedes (3,0%); Nueva Esparta (3,2%); Anzoátegui (3,2%); Barinas (3,6%) y Monagas (3,8%). Las Dependencias Federales, que no se clasifican como Entidad Federal, registraron una tasa de crecimiento de 3,6%.

Las Entidades: Amazonas, Anzoátegui, Barinas, Falcón, Monagas, Trujillo y Distrito Capital, así como las Dependencias Federales presentan índices de crecimiento superiores a los de período 1981-1990. Debido al descenso de la natalidad que experimenta el país, en general, las tasas de crecimiento de este último período, 1990-2001, deberían ser menores que las registradas en el período censal anterior. El no cumplimiento de este supuesto puede deberse a la migración interna, a una omisión en el censo anterior mayor a la de este Censo, o, en menor medida, a la incorporación de la población indígena selvática. En todo caso, la investigación de esta situación deberá ser objeto de estudios posteriores que permitan explicar cuáles pueden ser sus causas.

La población de mujeres pasó de 9.085.508 en 1990 a 11.651.341en este Censo. Ello correspondió a un aumento de la proporción de mujeres de 0,3%, al pasar de 50,2% a 50,5%, y a un índice de masculinidad que pasó de 99,3 a 97,9 hombres por cada 100 mujeres.
La estructura de edades evolucionó, pasando la proporción de los menores de 15 años de 37,3% en 1990 a 33,1% en el 2001. La proporción de población de 15 a 64 años, o en edad activa, incrementó su participación de 58,7 a 62,0 por ciento, al igual que la población de 65 años y más, o de la tercera edad, que pasó de 4,0% a 4,9%. Esto último significa cambios en la demanda de los servicios médicos asistenciales propios de este grupo de edad, así como en la infraestructura urbana adecuada - hogares colectivos, transporte público, entre otros -. En este Censo se registraron 907.692 personas con alguna discapacidad (3,9%). En el Censo anterior 326.282 personas correspondían a este grupo (2,0%). La población nacida en otros países se ubica en 1.014.318 (4,4 %), lo cual muestra un descenso de 1,3 puntos con respecto a 1990, (5,7 %).

La tasa de actividad neta correspondió a 55,1; es decir, de cada 100 personas de 15 años o más, 55 se declararon activas (ocupadas o desocupadas ). En el Censo de 1990 esta tasa fue 55,4. Por sexo se destaca la mayor participación de las mujeres dentro de la actividad económica. Su tasa de actividad pasa de 33,8% en 1990 a 37,5% en el 2001, mientras la tasa masculina desciende, pasando de 77,6% a 73,5%. Estos cambios ya han sido observados en sociedades donde se incrementa la incorporación de la población al sistema educativo y, en consecuencia, hay una mayor incorporación de las mujeres a la fuerza de trabajo. Por el contrario, esto ocasiona una disminución en la participación de la población masculina, fundamentalmente en la de menos de 25 años.

La tasa de analfabetismo en la población de 10 años y más se ubicó en 6,4%, lo cual representa una importante disminución de 2,9 puntos respecto al Censo de 1990. La asistencia escolar está directamente relacionada con la edad. En el grupo de 7 a 12 años se registran los mejores niveles, los cuales descienden a medida que aumenta la edad debido a problemas de deserción, reprobación o por la necesidad de incorporarse al mercado de trabajo. En el grupo de 7 a 14 años, que corresponde a la población que asiste a la Educación Básica, se observa en este Censo una mejora, al pasar la proporción de 64,0% en 1990 a 67,2%, ello implica a futuro un aumento en la demanda de la Educación Media y Superior. El total de viviendas empadronadas fue 6.242.621, lo que representa un crecimiento de 51,9% con respecto a 1990. De ellas, 5.192.923 son viviendas familiares ocupadas, obteniéndose un promedio de 4,4 personas por vivienda.

Principales problemas Sociales de la Venezuela de hoy 
Al inicio del siglo XXI, la sociedad venezolana ofrece un cuadro variado y complejo a los ojos de los analistas, especialmente por los hábitos y tensiones de la sociedad urbana, la difícil situación de los reducidos sectores rurales del país, la agudización del conflicto político con su respectivo impacto en la realidad socioeconómica, los índices de criminalidad, los fenómenos de transculturación, los movimientos migratorios internos y externos, la violencia política y no política, las drogas, las características del consumo y por encima de
todo, el impacto de la riqueza originada por el ingreso petrolero.

La evolución hacia la modernidad de la sociedad venezolana se produce en momentos de grandes transformaciones mundiales. Las tendencias a la globalización de la economía y la interdependencia de los mercados imponen modelos de producción, distribución y consumo a toda sociedad que quiera modernizarse. La competencia en un mercado mundial con alta exigencia tecnológica y de productividad supone una enorme presión sobre países como Venezuela en alcanzar las exigencias de ese mercado, supone unos ajustes estructurales cuyos costos sociales resultan muy altos.

Es interesante notar que los venezolanos nacidos después de 1970 difícilmente se pueden imaginar lo que era el país a la muerte del dictador Juan Vicente Gómez. Lo que se formuló en aquellos años que siguieron a los inicios de la actividad petrolera y a la implantación del sistema democrático como características del proyecto nacional ha sido en buena parte alcanzado, aunque la distribución de sus beneficios se ha hecho en forma desigual teniendo como resultado una sociedad marcada por la injusticia social. Por tanto, los venezolanos de hoy sienten profundamente la necesidad de modernizar a Venezuela, pero teniendo siempre presente la importancia de evitar la exclusión social.

De este modo, la evolución de la dinámica social en las últimas décadas se ha caracterizado por el predominio de la vida urbana, fenómeno inseparable de la actividad petrolera, que ha favorecido el crecimiento anárquico de las principales ciudades venezolanas. El crecimiento constante de la población ha sido acompañado de un notable desmejoramiento de la calidad de vida, por lo que son múltiples los retos que debe enfrentaren el presente la sociedad venezolana; de todos ellos el más difícil de solucionar, por la naturaleza de los retos que plantea, es sin duda, la superación de la pobreza y la marginalidad.
La Marginalidad, principal problema social de Venezuela en la actualidad
El más complejo problema social en la Venezuela de hoy, lo constituye la realidad de la marginalidad, problema éste que posee naturaleza social. Hoy día, según cifras suministradas por el Instituto Nacional de Estadística, más del 50% de la población venezolana vive en condiciones de pobreza, estando en constante aumento ésta cifra día a día. La imposibilidad de amplios sectores de la sociedad venezolana de acceder a los más elementales servicios básicos, tales como agua potable, alimentos, educación, representa una realidad cada vez más común. El perfil Nacional de la pobreza, 2002

El origen de la marginalidad se encuentra profundamente asociado a la naturaleza y características de la estructura económica del país, pues ella se halla, como la mayoría de las economías subdesarrolladas de América Latina, deformada y desarticulada, en especial por su poca competitividad y por la gran dependencia de las economías del Primer Mundo. Ésta situación económica produce fuertes desajustes sociales como consecuencia de la ausencia de empleos bien remunerados, así como por las dificultades para acceder a los más elementales servicios de salud o educación en la que se encuentran las personas que viven en condiciones de marginalidad. En general, las políticas del Estado venezolano para combatir la pobreza han fracasado, ya que no han sido capaces de lograr un fortalecimiento de la economía que se traduzca en la creación de empleos.

La inmensa mayoría del denominado gasto social de los gobiernos que desde 1958 y hasta la actualidad han gobernado a Venezuela, ha sido ineficiente, pues se ha dirigido a aplicar políticas inmediatistas –es decir “Paños Calientes”- que muy poco han logrado mejorar la realidad socioeconómica venezolana.

En el caso venezolano, a diferencia de las grandes aglomeraciones urbanas de los llamados países desarrollados, la población que se agrupa en ciudades no es consecuencia de la industrialización sino de la aglomeración en búsqueda de oportunidades diversas. En la época en que se concentraron las obras públicas en Caracas (1948-1958) mucha gente se desplazó a la capital. Más tarde la urbanización fue consecuencia del relativo fracaso de las diferentes políticas agrarias emprendidas y de los bajos niveles de producción y de productividad en el campo. Sin embargo, en los últimos años esta tendencia se ha frenado algo, debido a diversas causas, entre las cuales se cuenta la presencia de los centros poblados surgidos de la reforma agraria, así como el aumento de la producción agropecuaria en volumen y remuneración.
A pesar de esto, el proceso de aglomeración urbana ha sido, en gran parte, ruralización de las ciudades porque el campesino que emigra del interior transporta con él sus hábitos sin cambiarlos por los de la cultura urbana. Al desubicarse se desarraiga de su Ecología, de su sistema de vida y de su ambiente afectivo. Esto produce un trauma muy común en las grandes áreas urbanas del país, en algunas de las cuales se producen fenómenos de contradicción y de violencia social, de criminalidad e inseguridad, cada vez más notorios.

La presencia de la marginalidad afecta todos los órdenes de la vida social, económica, política y cultural de la sociedad venezolana, entorpeciendo además, todos los esfuerzos planificadores del Estado venezolano. Esta dura realidad ha sido catalogada como “Bomba de Tiempo” por distintos especialistas, ya que la frustración de las expectativas de la mayoría de la población puede originar, como ya ocurrió el 27 de febrero de 1989, fuertes explosiones sociales, que además repercuten en la estabilidad del sistema democrático venezolano. Además el problema de la marginalidad genera una especie de círculo vicioso en el que, muchos hijos reciben de sus padres la pesada herencia de tener que vivir en condiciones de exclusión y pobreza extrema.
La superación de la marginalidad, como ya se señaló, constituye el mayor reto que enfrenta la sociedad venezolana en la actualidad, pues su superación implica un esfuerzo que desborda la sola actuación del Estado, para convertirse en responsabilidad de toda la sociedad. Superar la pobreza requerirá de distintos planes, políticas y sobre todo, mucha voluntad y conciencia política y ciudadana. Entre las directrices que han de seguirse se destacan:
  • La superación de la Pobreza debe ser un objetivo prioritario no sólo para el Estado, sino para todo el conjunto de la sociedad. Esto implica la adopción de políticas estructurales y de carácter global para lograr ese objetivo.
  • Es absolutamente necesario construir un sistema educativo de calidad, que garantice a la mayoría de la población y sin exclusiones, una capacitación adecuada, además de dotarle de una sólida formación en valores.
  • El Estado debe ejercer la planificación y control de los movimientos migratorios, planes de urbanismo y en general, todos aquellos aspectos que incidan el crecimiento de los sectores marginales en las ciudades; para ello, es necesario el fortalecimiento y diversificación del aparato productivo nacional, para garantizar el pleno empleo en todo el territorio.
  • Es necesario invertir mayores recursos en Educación, salud y en general en la seguridad social. Sin embargo, ese gasto debe ser racionalizado para que sea eficiente y tenga en realidad impacto en el mejoramiento de la calidad de vida de la mayoría de la población.
Debe evitarse la aplicación de políticas que aborden la pobreza exclusivamente desde su dimensión económica; los famosos “paquetes” económicos aplicados en América Latina en los años Noventa, lejos de ser la solución prometida al problema de la pobreza, paso más bien a ser parte del problema

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